Historia de mujeres # 1

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historia de mujeres 1 Vidalia Mora

Ángela, cuyo nombre cambié para proteger su identidad, sufrió en silencio 15 años de su vida en su relación de pareja, por lo antes dicho. Así que, esta historia de mujeres podría servirte de espejo para identificar cuán comprometida está tu estabilidad y equilibrio emocional, e intervenir para hacer los ajustes necesarios. ¡Comencemos!

historia de mujers vidalia mora 2

Cuando pasas todas las señales sin darte cuenta

La historia de mujeres de hoy comienza así…

Hola Vidalia, te escribo en esta oportunidad para contarte que me siento muy confundida, herida, desorientada, a punto de divorciarme y para completar, ahora con un bebé. ¡Si al menos hubiera visto las señales!

Mi vida es un caos ahora, porque todo lo construí sobre un terreno inestable, y con muy pocas bases, o quizás muy superficiales. 

Nos hicimos novios hace 18 años, es increíble cómo pasa el tiempo. De verdad me gustó muchísimo él: Su porte, forma de hablar y tratar a las personas. ¡No era un hombre de malos hábitos, ni mujeriego o alcohólico! ¿Puedes creerlo? Era lo que toda mujer busca. Inteligente, trabajador y serio.

Hice lo imposible por enamorarlo, pero en verdad nunca demostró ese fuego de atracción como yo, así que puedo decir que prácticamente me le metí por los ojos.

Al año y medio de novios, me dijo que quería que viviéramos juntos aunque no estaba seguro. ¿Te imaginas mi reacción? ¡Yo fui la mujer más feliz del mundo! 

Yo sé que algunos hombres son más reservados o tímidos para expresar sus sentimientos y estaba segura de que era su caso. Es más, a pesar de que su trato era poco amoroso y detallista, continuamos, porque quería pensar que el amor es un proceso de adaptación en el que se debe tener mucha paciencia. 

Luego de un tiempo de vivir juntos, le insistí que debíamos casarnos para poner todos nuestros asuntos en regla, (lo que quería era sentirme más tranquila y no perderlo) ¡así que nos casamos! 

Asumí mi papel de ama de casa. Hacía muchas cosas por él, me preocupaba por su ropa, hacía de todo para que se sintiera feliz. 

Fui muy detallista, preparaba cenas románticas y me encantaba sorprenderlo, ¡y lo conseguía! No me importaban los gastos en fechas especiales con tal de verlo contento, y por supuesto, estuve con él en las buenas y en las malas. Incluso en tiempos de economía difícil, yo estuve allí para apoyarlo. No me importaba nada. 

Pero a medida que fueron pasando los años, ese trato seco y poco amoroso, se transformó pronto en áspero y déspota, lleno de reclamos, groserías y humillaciones. Aunque nunca hubo maltrato físico, considero que fui muy maltratada verbalmente. 

Así continuaron 10 años de matrimonio y, en medio de las peleas diarias que enfriaban poco a poco mis sentimientos decidí plantearle el divorcio. ¿Sabes? Un poco como para ver si reaccionaba. ¿Y sabes qué pasó? Pues para mi sorpresa, me dijo que si, me quede fría. 

Pero en todo este proceso todavía vivíamos juntos, no nos separamos ni él se fue de la casa, y en ese carrusel de emociones de mi vida, quedé embarazada. 

Decidimos darnos una nueva oportunidad por ese bebé que venía en camino. Al principio resultó y todo marchó bien. La ilusión de nuestro hijo logró dar un giro en nuestras vidas, pero tristemente solo fue temporal.

Al poco tiempo de nacer el bebé, continuamos en la rutina de orgullo, desapego, falta de consideración, el maltrato emocional y verbal. Ahora yo también respondía de la misma forma que él, de modo que el ambiente se hizo día a día más tenso.

A ese malestar de nuestro hogar, se unió la opinión e influencia de nuestros familiares, quienes abonaron el rencor para terminar de aniquilar nuestra relación, que de por sí estaba muy deteriorada. 

Y una vez más decidimos continuar con el divorcio, para terminar lo que empezó mal… Pero de pronto se encendieron unas lucecitas de alerta que no estaban cuando no teníamos a nuestro hijo y, era precisamente eso, no quiero que mi hijo sufra por las decisiones que yo tome. 

Así que aquí estoy yo, muy confundida. Por un lado, mi orgullo, mi dignidad como mujer y los hechos me gritan que debo dar fin a este matrimonio. Y, por otro lado, mi hijo que ama mucho a su padre y no deseo que sufra. Siempre tuve el deseo de luchar por mi familia, fuera como fuera, pero la quería unida. Por lo tanto, decidí tener una conversación directa y sincera con él.

Hablamos mucho sobre nuestra relación, desde sus inicios hasta la actualidad. Y comprendí allí que él nunca me amó, no como yo a él. Había sido yo quien había incitado aquella relación y fue mi presión la que nos llevó a ese matrimonio tormentoso. «El problema soy yo”, me dijo.

Me confesó que desde el principio vio en mí, una buena mujer, y por primera vez reconoció sus errores, afirmando que no quería perderme. Él está intentando hacer cosas y dice que quiere buscar ayuda para recuperar nuestro matrimonio.

Pero ahora, yo tengo serias dudas por todo lo que hemos vivido, tengo mucho miedo y pienso… ¿Será posible que una tercera oportunidad tenga resultados, o abrirá más heridas? 

También reflexiono: Si en tanto tiempo de matrimonio, él no pudo aprender a amarme y respetarme, ¿valdrá la pena intentarlo de nuevo? ¿Podremos sanar la relación y podrán sanar mis heridas? ¿O debería divorciarme, continuar sola con mi hijo y dejar que el tiempo me indique lo que debo hacer en el futuro?

Por ahora me encuentro confundida, herida, desorientada, a punto de divorciarme y para completar, con un bebé.

(Fin de la Historia)

Ten en cuenta que …

Historia de mujeres como esta son muy comunes en este tiempo. Si te sentiste identificada, puedes compartir  tu experiencia en los comentarios o enviarme un correo a hola@vidaliamora.com, y así podremos ayudarnos entre todas.

Por supuesto, si quieres buscar ayuda profesional, agenda una sesión estratégica gratuita conmigo y conversaremos sobre lo que puedes hacer para romper con ese círculo de apego, desamor, maltrato y dependencia.

Ángela, de esta historia de mujeres, después de este correo estuvo en la sesión estratégica gratuita y decidió empezar a trabajar conmigo, ya está avanzando en su proceso personal. 

Hasta la próxima historia de mujeres…

Por cierto, aquí puedes suscribirte a mi blog y estar alerta las próximas entradas.

Demás está decir que si al leer esta historia de mujeres y te identificaste, siempre podrás contactarme.

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